martes, 20 de abril de 2010

Q.6,999,999,900.00 ENTRE EL TUCA Y EL CONGRESO





Para “el Tuca”, marero de 13 años, la ponderación fue de apenas Q.100. Lo único que lo separaba de esa suma era acertarle un balazo mortal a doña María Rosario Vásquez Pérez, comerciante del mercado de la zona 5, cuando llevaba a sus hijas de 7 y 8 años al colegio. Luego de ser apresado, aparentemente sin remordimiento, confesó a ese y a otros crímenes similares.
Horas antes, los miembros de la Comisión de Finanzas Públicas y Moneda del Congreso llegaron a ponderar un aumento a la deuda pública por Q.7 mil millones, letal para la economía guatemalteca. Lo único que los separaba de su insaciable ambición era dispararse un dictamen favorable con unas cuantas firmas. Luego de su hazaña, confesaron que habían llegado a contemplar hasta Q.9 millardos.
Un niño de una miserable realidad haciéndole miserable la vida a dos niñas que pierden a su madre, haciéndosela miserable a la sociedad guatemalteca. Unos representantes del pueblo que no se conformaron con unos miserables cuatro mil quinientos millones y decidieron recetarse siete. Esa es Guatemala.
Esa sociedad donde los políticos están tan desasociados de la realidad de la población que no dimensionan la magnitud de su incompetencia, de su ineptitud, de su ignorancia, de su corrupción, de su nocividad; tal vez sólo la de su avaricia. Donde sobran quienes los alientan y aplauden en sus desmanes buscando siempre la manera de dotarles más recursos para su labor benevolente porque así lo dictan los dogmas ideológicos a los cuales se aferran insensatamente, mientras niños matan por Q.100. Esa sociedad donde ya no hay danza de millones sino avalancha de miles de millones en la que se extasían políticos, grupos de interés y líderes pseudo empresariales, deliriosos de jugar a magnates, transando a conveniencia impuestos, inflación y pobreza para el resto.
Esa sociedad donde el resto no se preocupa por consolidar un Estado que priorice y atienda sus debidas funciones; que si puede aprovecha los miserables beneficios clientelares, o lucha, aguanta y ruega a Dios no ser la próxima víctima, porque vive en una dimensión tan distante como los Q.6,999,999,900.00 que separan al Tuca del Congreso.

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